Donación de óvulos y espermatozoides, ¿anónima o abierta?

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La donación de óvulos y espermatozoides es anónima en España, y los pacientes no pueden conocer datos personales sobre su donante ni viceversa. Sin embargo, en otros muchos países como en Estados Unidos, Suecia, Austria, Australia o Nueva Zelanda existen programas de donación de gametos abierta que llevan funcionando durante más de 20 años.

El debate sobre si la donación de óvulos y espermatozoides debe ser anónima o no, ha dado lugar a una publicación por Scheib y col. abarcando los primeros contactos entre jóvenes y sus donantes durante los últimos 10 años. En estos contactos, regulados exhaustivamente por el Banco de Semen de California, se exige que los jóvenes tengan al menos 18 años y hayan realizado pruebas psicológicas antes de entregar la información. El estudio trata de responder algunas de las incógnitas que rodean a la donación abierta.

¿Quiénes solicitan información sobre su donante? ¿Depende del sexo y del tipo de familia?

Un tercio de los jóvenes, cuyos padres recurrieron a donación de óvulos o espermatozoides no anónima o abierta, decidieron conocer la identidad de su donante. La decisión estuvo influida por el sexo, ya que realizaron la petición más mujeres que hombres. Además, se observó que los jóvenes criados en familias monoparentales suelen requerir la identidad de su donante en mayor proporción que los jóvenes criados por parejas. El estudio asocia este hecho a que los jóvenes criados por parejas, no quieren herir los sentimientos de sus padres mediante la búsqueda del donante. De hecho, muchos jóvenes insisten en que ya tienen padres y que la búsqueda del donante es “algo más”. Sin embargo, es importante tener en cuenta el hecho de que un buen porcentaje de las parejas heterosexuales deciden ocultar el uso del donante.

 ¿A qué edad suelen pedir la información sobre sus donantes?

Todos los jóvenes tenían edades comprendidas entre los 17 y los 27 años, pero los menores de edad no recibieron la información hasta cumplir los 18 años. La edad media se sitúa en 18 años y un mes.

¿Siguen los donantes dispuestos al contacto después de tantos años?

De los 43 donantes cuya identidad fue reclamada, solo 4 de ellos no quisieron contacto alguno ni del programa de donación ni de los jóvenes nacidos a partir de sus gametos.

¿Cuáles son las motivaciones, planes y expectativas tras obtener la información del donante?

El 30,4% de la descendencia admite que conocer a su donante es algo que lleva mucho tiempo esperando o, incluso, toda la vida. Por otro lado, el 10.7% de los jóvenes ha visto acrecentar su interés a lo largo de su vida. Entre las motivaciones destacan: deseo de tener la información (aunque no saben cómo la gestionarán después), agradecimiento hacia al donante y curiosidad sobre el mismo y su parecido. Algunos muestran interés en saber si existen otros descendientes de su donante y quizá, conocerles.

¿Piensan contactar con su donante? ¿Qué piensan hacer con la información?

El 74,6% de los jóvenes expresó su interés en contactar con el donante contrastando con el 10,2% que dijo no tener interés en hacerlo. Un 15% mostró confusión en cuanto a sus intenciones. Solo el 7% de los jóvenes dijeron explícitamente desear relación con su donante.

¿Qué expectativas tienen puestas en el donante?

Un 63,2% de los jóvenes expresó bajas expectativas en cuanto a lo que pasase después de conocer a su donante y un 17,5% no tenía ninguna expectativa. Un 15,8% resultó moderadamente positivo hacia lo que pudiese ocurrir y un 4,1% se encontraba muy positivo y esperanzado.

Aunque los sistemas de donación abierta, a priori, puedan parecer muy beneficiosos para aquellos donantes y familias que quieran compartir su identidad, la realidad es que pueden aparecer muchos problemas. Aunque existiese un acuerdo previo, los donantes no están obligados a mantener la decisión de compartir su identidad tras tantos años de haber donado porque su situación o su forma de pensar ha podido cambiar considerablemente. El rechazo por parte del donante en el momento de la petición del joven puede traer consecuencias psicológicas en el mismo. Así ocurrió en 4 de los jóvenes participantes del estudio que, al no poder conocer a sus donantes, se sintieron muy decepcionados y enfadados y necesitaron ayuda psicológica. Además, existe la posibilidad de que el donante no pueda ser encontrado con los datos que aportó o incluso puede haber fallecido.

Sin duda quedan muchos estudios que hacer antes de poder evaluar las consecuencias de la donación de óvulos y espermatozoides no anónima o abierta, y seguirá siendo un debate recurrente en España, ya que hay una importante corriente a favor que desea que este proceso se legalice.

Dra. Alba Martín Pascual – Embrióloga Laboratorio Fecundación In Vitro y Andrología

 

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